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El mayo más frío desde 1961 y por qué no hubo ola polar, según el SMN

Al menos nueve provincias podrían finalizar con registros récords.

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Mayo de 2024 lidera el ranking de temperaturas más frías desde 1961. Al menos nueve provincias podrían finalizar con registros récords. Explican por qué, pese a los bajos niveles, ninguna localidad del país tuvo ola de frío polar.

El Servicio Meteorológico Nacional anticipó que este mes podría pasar a la historia. “Los datos preliminares recopilados hasta el momento, que van desde el 1 al 27 de mayo, indican que el país tuvo anomalías de temperaturas promedio de -2.46 °C. De mantenerse esta tendencia, efectivamente este mayo sería el más frío en los registros (1961-2023)”, informó el organismo.

El SMN destacó que este año no es excepcional, pero en la comparativa con los registros históricos lidera el ranking. Al mirar las provincias, el informe destacó que el aire frío afectó principalmente al centro y sur de Argentina.

“Fue notorio el contraste térmico que persistió durante los primeros diez días de mayo: mientras que la Patagonia estaba con valores de entre 4 y 6 grados por debajo de lo normal, el noreste del país experimentaba días típicos de verano, con anomalías de + 3 °C o + 4 °C”, detalló el SMN.

A partir de esa fecha, el frío se extendió a todo el país, aunque fue mucho más suave en Misiones. “Esto contribuyó a que esa provincia sea la única que, hasta el momento, está teniendo un mes con temperaturas superiores a las normales para la época”, aclaró el organismo.

Frío sin ola polar

El frío intenso se explica porque las masas de aire provenientes del Pacífico sur y de zonas polares dejaron temperaturas muy bajas. Al menos nueve provincias argentinas podrían finalizar con un mayo de registros récords y anomalías de temperaturas mayores a las de otros años.

“Otro dato muy destacado es que a pesar de las condiciones muy frías que predominaron en estos 27 días, hasta el momento ninguna localidad alcanzó a cumplir los criterios para ola de frío”, destacó el SMN.

Provincias más frías:

Tucumán -3.54 °C
La Rioja -3.45 °C
Mendoza -3.38 °C
San Luis -3.65 °C
Córdoba -3.61 °C
La Pampa -3.39 °C
Neuquén -3.21 °C
Río Negro -3.22 °C
Chubut -3.68 °C

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Murió Sara Facio, símbolo de la fotografía de autor

La fotógrafa, editora y gestora tenía 92 años.

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La fotógrafa, editora y gestora tenía 92 años. Deja un legado artístico inigualable, con sus retratos de Julio Cortázar, María Elena Walsh, Jorge Luis Borges y otras personalidades como legado artístico.

Retratista eximia, editora de grandes libros de fotografía, curadora y pionera de espacios que le dieron estatuto de obra de arte a la disciplina, Sara Facio murió este martes en Buenos Aires, a los 92 años. La despedida será el miércoles 19 de junio, entre las 11 y las 15, en la sala ubicada en Av. Congreso 1757, en Buenos Aires. Mujer de sólida formación cultural, amante de las bellas artes y feminista, Sara construyó su estilo propio y apuntaló la consolidación de una fotografía argentina, junto a su maestra Annemarie Heinrich, y en sociedad con Alicia D’amico.

La noticia fue confirmada por Graciela García Romero, encargada de su archivo personal. En la actualidad dirigía la Fundación María Elena Walsh, quien fuese durante décadas su pareja, informó Clarín.

En su frondoso archivo, que desde poco más de un mes había legado a la Fundación María Elena Walsh, su compañera durante más de 40 años, estará una imagen icónica de su biografía: ella junto a otras dos chicas, en la puerta del Museo Nacional de Bellas Artes. Allí iban antes de la escuela, a devorarse los libros de arte que no se conseguían en cualquier biblioteca.

Nacida el 18 de abril de 1932 en San Isidro, enseguida formó dupla con Alicia D’Amico para cursar en la escuela de Bellas Artes y para el viaje formativo que emprendieron en 1955 gracias a una beca del gobierno francés. En Europa adquirió su cámara, que empuñó siempre con las obras maestras en mente.

Con Alicia D’amico y Annemarie Heinrich compartieron, con una afable severidad, la búsqueda de la imagen justa. «Las tres éramos un jurado permanente: no salía una foto de nuestro estudio si no estábamos de acuerdo de que no nos daba vergüenza», admitió en una entrevista con el Ministerio de Cultura.

Con Heinrich como su tutora, se introdujo en el fotoperiodismo y con una ayuda del Fondo Nacional de las Artes pudo tener su primera cámara profesional. Su primer libro, Buenos Aires, Buenos Aires (1968), lo firmó con Heinrich y lleva un texto de Julio Cortázar. El retrato del escritor argentino que Facio le hizo dio vuelta al mundo como icónico de esa expresión aniñada y despreocupada.

Es la imagen de Cortázar que todos tenemos en mente. «Nunca pienso en el espectador, pero me asombra que una foto como la de Cortázar le guste a todo el mundo», decía con extrañeza.

Reservada de carácter, con la cámara en la mano sentía que desaparecía, como detrás de un biombo, y se entregaba a una tarea siempre ligada a cierta audacia. Más que oficio, llamaba vocación a su tarea, vinculándola siempre al arte.

Después de emprender proyectos de publicidad y retratos periodísticos, se aventuró junto a D’Amico a capturar el espíritu de los escritores latinoamericanos y otras figuras de la cultura. Entre ellos, Jorge Luis Borges, Roberto Goyeneche, María Elena Walsh, Ernesto Sábato, Astor Piazzolla, Doris Lessing y Federico Leloir. Sentía gratificante conversar con ellos durante la sesión, meterse en sus mundos. Retratos y autorretratos (1974) reúne varios de ellos con textos de los autores.

Especializada en ensayos sociales y periodismo gráfico y escrito, colaboró en diarios y revistas de la Argentina, América y Europa. Creó secciones especializadas en Clarín primero, luego en La Nación y en las revistas Autoclub, Vigencia, Cultura, Fotomundo. Un trabajo de agencia sobre la jornada de duelo por la muerte de Juan Domingo Perón en 1973, con los años atravesó las controversias, transformándose en un retrato humano y de época, que tuvo una gran exposición en 2018 en Malba.

Su trayectoria internacional, que atraviesa gran parte del siglo XX, la incluyen en muestras colectivas en el Centro Pompidou de París, el Palacio de Bellas Artes de México, Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Casa de la Cultura de Kassel, Alemania, The Saatchi Gallery de Londres, Museo del Barrio en Nueva York, Shadai Gallery, Tokio, Museo de la Fotografía de Charleroi, Bélgica, Museo de Berlín y los principales museos de la Argentina.

Sus fotografías están en las colecciones permanentes del MoMA, del Museo Reina Sofía de Madrid y en prestigiosas colecciones particulares.

Sara siempre trabajó por el reconocimiento de la fotografía como arte. En 1973, junto con María Cristina Orive, creó La Azotea, una editorial fotográfica dedicada a la producción y difusión del arte fotográfico. En 1979, junto a colegas como D’Amico, Eduardo Comesaña, Andy Goldstein, Heinrich, María Cristina Orive y Juan Travnik, fundó el Consejo Argentino de Fotografía, para difundir y estudiar la fotografía nacional, y conectarse con el mundo.

«Estamos construyendo un abanico de temas y técnicas que puede ser un tipo de fotografía argentina, que tiene una espontaneidad, una libertad en nuestras fotos que es muy linda, no tan elaborada, y que me gusta mucho», decía sobre la naturalidad que caracteriza a la fotografía argentina.

Como gestora de espacios, en 1985 creó la Fotogalería del Teatro San Martín, que dirigió hasta 1998 y donde presentó más de 160 exposiciones con sus catálogos. Comenzó a formar su propia biblioteca con los fotógrafos que admiraba.

Con el tiempo, más sistemáticamente, los organizó por países y orden alfabético. Allí están los grandes maestros, pero el mexicano Álvaro Álvarez Bravo y el brasileño Sebastiao Salgado estuvieron siempre entre los que la emocionaron. Llegó a contar con más de mil volúmenes dedicados a la historia del medio, colecciones especializadas y ensayos fotográficos.

Con la donación del 25 por ciento de las fotografías de su archivo personal, Sara Facio creó en 1995 la colección de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes, durante la dirección de Jorge Glusberg. Cuando cumplió 90 años, donó todos sus libros de fotografía a la biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes.

Entre muchas distinciones, recibió la Medalla de los XXII Encuentros Internacionales de Arles en 1991, el Konex de Platino en 1992, el Premio Trayectoria de la Asociación Argentina de Críticos de Arte, 2004, y el Premio a la Trayectoria de la Revista Ñ (2014), además de los reconocimientos a varios de sus libros de arte. Para el Centenario de Borges, el Correo Argentino utilizó el retrato que ella le hizo.

En los últimos años, muy lúcida, Sara se aventuró a la fotografía digital pero admitía que se escapaba a su búsqueda: la verdad. La iconografía cultural de un siglo pasó delante de su lente y, con la implacable amabilidad, ejerció su convicción: las mejores imágenes, esas que tengan una mirada personal. Nos legó todas sus imágenes y un trabajo comunitario, invaluable para todos los fotógrafos que llegaron después.

Dentro de una serie de fotografías publicadas junto a su colega Alicia D’Amico, es famosa por sus retratos a María Eva Duarte de Perón, Antonio Berni, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alberto Girri, Federico Luppi, Leopoldo Marechal, Tita Merello, Manuel Mujica Lainez, Pablo Neruda, Silvina Ocampo, Victoria Ocampo, Olga Orozco, Astor Piazzolla, Alejandra Pizarnik, Susana Rinaldi, Juan Rulfo, Ernesto Sabato, Osvaldo Soriano, Mercedes Sosa, Aníbal Troilo, David Viñas, María Elena Walsh, entre otros.

Retrató a personas comunes y al entorno popular alrededor de los funerales del General Perón, trabajo de validez histórica y documental.

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