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Falleció Claudia Zaragoza: La actriz, docente y directora teatral tenía 63 años

Con un extenso recorrido como actriz y directora, fue docente de varias generaciones de amantes del teatro en Paraná y Santa Fe.

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La conocida directora teatral Claudia Zaragoza, fue hallada fallecida en su domicilio de Paraná. Con un extenso recorrido como actriz y directora, fue docente de varias generaciones de amantes del teatro en Paraná y Santa Fe.

La actriz, docente, directora teatral y Licenciada en Teatro (UNL), Claudia Zaragoza, falleció este miércoles a los 63 años de edad. Con un extenso recorrido en el teatro de Paraná y Santa Fe, la reconocida docente de teatro, fue hallada fallecida en su vivienda de la capital entrerriana.

En los últimos días, Zaragoza había dirigido con gran éxito en la ciudad de Paraná, la obra “Gemelos. Hijos pródigos”.

“Es un día muy triste porque uno se da cuenta que la vida es muy efímera”, señaló Emilio Ruberto quien contó que conoció a Claudia Zaragoza “hace 40 años, en la Facultad de Comunicación Social”, dijo a El Once.

“Ella siempre se dedicó al Teatro, de la actuación y de la cultura”, dijo y agregó que “nos encontramos en la obra de la que participé y que, para ella, fue una más de las que hizo con la pasión que siempre le puso al teatro”, resaltó.

“Claudia, vivió del teatro, aunque con muchas dificultades”, recordó Ruberto entre sollozos y contó que “se había jubilado y eso le había dado un poco de estabilidad para el tratamiento de la diabetes, una enfermedad que llevaba como podía”, explicó.
“Nos queda el recuerdo para el mundo del teatro de Paraná, de Entre Ríos y de otros lugares, a donde ella fue con sus obras”, remarcó Ruberto.

En la actualidad, Zaragoza había retomado sus clases de teatro en la sala de La Hendija y estaba con los ensayos para estrenar otra obra en el mes de septiembre, confirmó Elonce.
“Era una persona que enseñaba y transmitía mucho el enorme conocimiento que tenía sobre el teatro”, dijo Ruberto y concluyó: “seguramente, hay mucha tristeza en mucha gente del teatro”, subrayó.

Claudia Zaragoza tuvo un extenso recorrido como actriz, directora teatral y docente de teatro. Varias generaciones de paranaenses y santafesinos la recuerdan con cariño, como su docente durante sus primeros pasos en el teatro.

Realizó durante años talleres de teatro para niños y adolescentes, y; en la actualidad se encontraba desarrollando talleres de teatro para jóvenes, adultos y para la mediana y tercera edad en la ciudad de Paraná en distintos espacios.

Claudia ha trabajado con Osvaldo Neyra, Mario Martínez, Lito Senkman, entre otros directores de la zona.

Participó como actriz en Historias para ser contadas (O. Dragún), El extraño en la escalera (J. Orton), Des tiempo (E. Grifero), Camaralenta (E. Pavlosvsky), Y a otra cosa mariposa (S. Torres Molina), Las Peticiones (obras de A. Chéjov), Para llevarle a Rosita (G. Gambaro), entre otras puestas en su ciudad y la ciudad de Santa Fe.

Con el Grupo Teatral Mojiganga, estrenó las obras Hermanitos (de Sacha Barrera Oro), Murmureantes (basado en los Textos Balbuceantes de Eduardo Pavlovsky), En la calma tierna de tus brazos (de su autoría, inspirada en Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes), Rojo Carmesí (de Sandra Farias y Analía Venanzi), Esa oficina de Cartas Muertas (de su autoría, basada en Bartleby, el escribiente), La Madonnita (de M. Kartun).

Realizó con sus talleres muestras anuales y espectáculos como La Isla desierta (de R. Arlt), Babilonia (de A. Discépolo), Dos x Chejov (dos obras breves de A. Chejov).

Con su espectáculo As Noches (un homenaje a Niní con textos de la Marshall) realizó innumerables representaciones en distintas ciudades entrerrianas y otras y en fiestas privadas, viajando a Venezuela al festival Internacional de Monólogos el mismo año que presentaron con el Grupo Cacatúas Cooperativa Teatral «Para llevarle a Rosita» en Caracas.

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Murió Sara Facio, símbolo de la fotografía de autor

La fotógrafa, editora y gestora tenía 92 años.

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La fotógrafa, editora y gestora tenía 92 años. Deja un legado artístico inigualable, con sus retratos de Julio Cortázar, María Elena Walsh, Jorge Luis Borges y otras personalidades como legado artístico.

Retratista eximia, editora de grandes libros de fotografía, curadora y pionera de espacios que le dieron estatuto de obra de arte a la disciplina, Sara Facio murió este martes en Buenos Aires, a los 92 años. La despedida será el miércoles 19 de junio, entre las 11 y las 15, en la sala ubicada en Av. Congreso 1757, en Buenos Aires. Mujer de sólida formación cultural, amante de las bellas artes y feminista, Sara construyó su estilo propio y apuntaló la consolidación de una fotografía argentina, junto a su maestra Annemarie Heinrich, y en sociedad con Alicia D’amico.

La noticia fue confirmada por Graciela García Romero, encargada de su archivo personal. En la actualidad dirigía la Fundación María Elena Walsh, quien fuese durante décadas su pareja, informó Clarín.

En su frondoso archivo, que desde poco más de un mes había legado a la Fundación María Elena Walsh, su compañera durante más de 40 años, estará una imagen icónica de su biografía: ella junto a otras dos chicas, en la puerta del Museo Nacional de Bellas Artes. Allí iban antes de la escuela, a devorarse los libros de arte que no se conseguían en cualquier biblioteca.

Nacida el 18 de abril de 1932 en San Isidro, enseguida formó dupla con Alicia D’Amico para cursar en la escuela de Bellas Artes y para el viaje formativo que emprendieron en 1955 gracias a una beca del gobierno francés. En Europa adquirió su cámara, que empuñó siempre con las obras maestras en mente.

Con Alicia D’amico y Annemarie Heinrich compartieron, con una afable severidad, la búsqueda de la imagen justa. «Las tres éramos un jurado permanente: no salía una foto de nuestro estudio si no estábamos de acuerdo de que no nos daba vergüenza», admitió en una entrevista con el Ministerio de Cultura.

Con Heinrich como su tutora, se introdujo en el fotoperiodismo y con una ayuda del Fondo Nacional de las Artes pudo tener su primera cámara profesional. Su primer libro, Buenos Aires, Buenos Aires (1968), lo firmó con Heinrich y lleva un texto de Julio Cortázar. El retrato del escritor argentino que Facio le hizo dio vuelta al mundo como icónico de esa expresión aniñada y despreocupada.

Es la imagen de Cortázar que todos tenemos en mente. «Nunca pienso en el espectador, pero me asombra que una foto como la de Cortázar le guste a todo el mundo», decía con extrañeza.

Reservada de carácter, con la cámara en la mano sentía que desaparecía, como detrás de un biombo, y se entregaba a una tarea siempre ligada a cierta audacia. Más que oficio, llamaba vocación a su tarea, vinculándola siempre al arte.

Después de emprender proyectos de publicidad y retratos periodísticos, se aventuró junto a D’Amico a capturar el espíritu de los escritores latinoamericanos y otras figuras de la cultura. Entre ellos, Jorge Luis Borges, Roberto Goyeneche, María Elena Walsh, Ernesto Sábato, Astor Piazzolla, Doris Lessing y Federico Leloir. Sentía gratificante conversar con ellos durante la sesión, meterse en sus mundos. Retratos y autorretratos (1974) reúne varios de ellos con textos de los autores.

Especializada en ensayos sociales y periodismo gráfico y escrito, colaboró en diarios y revistas de la Argentina, América y Europa. Creó secciones especializadas en Clarín primero, luego en La Nación y en las revistas Autoclub, Vigencia, Cultura, Fotomundo. Un trabajo de agencia sobre la jornada de duelo por la muerte de Juan Domingo Perón en 1973, con los años atravesó las controversias, transformándose en un retrato humano y de época, que tuvo una gran exposición en 2018 en Malba.

Su trayectoria internacional, que atraviesa gran parte del siglo XX, la incluyen en muestras colectivas en el Centro Pompidou de París, el Palacio de Bellas Artes de México, Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Casa de la Cultura de Kassel, Alemania, The Saatchi Gallery de Londres, Museo del Barrio en Nueva York, Shadai Gallery, Tokio, Museo de la Fotografía de Charleroi, Bélgica, Museo de Berlín y los principales museos de la Argentina.

Sus fotografías están en las colecciones permanentes del MoMA, del Museo Reina Sofía de Madrid y en prestigiosas colecciones particulares.

Sara siempre trabajó por el reconocimiento de la fotografía como arte. En 1973, junto con María Cristina Orive, creó La Azotea, una editorial fotográfica dedicada a la producción y difusión del arte fotográfico. En 1979, junto a colegas como D’Amico, Eduardo Comesaña, Andy Goldstein, Heinrich, María Cristina Orive y Juan Travnik, fundó el Consejo Argentino de Fotografía, para difundir y estudiar la fotografía nacional, y conectarse con el mundo.

«Estamos construyendo un abanico de temas y técnicas que puede ser un tipo de fotografía argentina, que tiene una espontaneidad, una libertad en nuestras fotos que es muy linda, no tan elaborada, y que me gusta mucho», decía sobre la naturalidad que caracteriza a la fotografía argentina.

Como gestora de espacios, en 1985 creó la Fotogalería del Teatro San Martín, que dirigió hasta 1998 y donde presentó más de 160 exposiciones con sus catálogos. Comenzó a formar su propia biblioteca con los fotógrafos que admiraba.

Con el tiempo, más sistemáticamente, los organizó por países y orden alfabético. Allí están los grandes maestros, pero el mexicano Álvaro Álvarez Bravo y el brasileño Sebastiao Salgado estuvieron siempre entre los que la emocionaron. Llegó a contar con más de mil volúmenes dedicados a la historia del medio, colecciones especializadas y ensayos fotográficos.

Con la donación del 25 por ciento de las fotografías de su archivo personal, Sara Facio creó en 1995 la colección de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes, durante la dirección de Jorge Glusberg. Cuando cumplió 90 años, donó todos sus libros de fotografía a la biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes.

Entre muchas distinciones, recibió la Medalla de los XXII Encuentros Internacionales de Arles en 1991, el Konex de Platino en 1992, el Premio Trayectoria de la Asociación Argentina de Críticos de Arte, 2004, y el Premio a la Trayectoria de la Revista Ñ (2014), además de los reconocimientos a varios de sus libros de arte. Para el Centenario de Borges, el Correo Argentino utilizó el retrato que ella le hizo.

En los últimos años, muy lúcida, Sara se aventuró a la fotografía digital pero admitía que se escapaba a su búsqueda: la verdad. La iconografía cultural de un siglo pasó delante de su lente y, con la implacable amabilidad, ejerció su convicción: las mejores imágenes, esas que tengan una mirada personal. Nos legó todas sus imágenes y un trabajo comunitario, invaluable para todos los fotógrafos que llegaron después.

Dentro de una serie de fotografías publicadas junto a su colega Alicia D’Amico, es famosa por sus retratos a María Eva Duarte de Perón, Antonio Berni, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alberto Girri, Federico Luppi, Leopoldo Marechal, Tita Merello, Manuel Mujica Lainez, Pablo Neruda, Silvina Ocampo, Victoria Ocampo, Olga Orozco, Astor Piazzolla, Alejandra Pizarnik, Susana Rinaldi, Juan Rulfo, Ernesto Sabato, Osvaldo Soriano, Mercedes Sosa, Aníbal Troilo, David Viñas, María Elena Walsh, entre otros.

Retrató a personas comunes y al entorno popular alrededor de los funerales del General Perón, trabajo de validez histórica y documental.

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